Ruta por el Madrid subterráneo: qué ver, cómo entrar y consejos

Ruta por el Madrid subterráneo: qué ver, cómo entrar y consejos

Madrid es una ciudad de ruido, sol y movimiento, donde la vida parece pasar siempre a toda velocidad en la superficie. Sin embargo, si te paras un segundo a pensar, te darás cuenta de que bajo el asfalto por el que caminamos todos los días hay otra ciudad durmiendo. No hablo de las tuberías ni del metro moderno, sino de un mundo de sombras, historias olvidadas y silencios que rompen con el caos de la calle. Organizar una ruta por el Madrid subterráneo es la mejor excusa para jugar a ser explorador sin salir del centro, descubriendo los secretos que la capital ha guardado celosamente durante décadas. 

Descubriendo la ruta por el Madrid subterráneo y su pasado

Para entender por qué hay tantas cosas bajo tierra, hay que viajar atrás en el tiempo hasta cuando Madrid era una ciudad que tenía que buscarse la vida con lo que tenía. El subsuelo se llenó de túneles y pasadizos no por capricho, sino por necesidad: había que traer agua desde la Sierra y, más tarde, hubo que protegerse de los bombardeos.

Es curioso pensar que, mientras subimos edificios cada vez más altos, debajo se conserva la memoria de la ciudad intacta, casi congelada. Bajar ahí es como entrar en un búnker del tiempo donde el ritmo de la historia cambia por completo y puedes palpar la angustia y el ingenio de los que nos precedieron. Si te atreves a bajar, te prometo que la sensación es única. Vamos a ver los tres lugares que no te puedes perder si de verdad quieres conocer las entrañas de la ciudad:

1. El Refugio 127 de la calle de Fuencarral

Imagina que estás paseando por Fuencarral, mirando escaparates, y de repente bajas unas escaleras y te encuentras en 1937. Eso es lo que se siente en el Refugio 127. Es uno de los refugios antiaéreos mejor conservados de la ciudad y entrar ahí te pone la piel de gallina de verdad. En cuanto cruzas la puerta gruesa, el ruido del tráfico se apaga y entra en juego el silencio húmedo del pasado. Las paredes de ladrillo están ahí, los bancos de piedra corridos siguen en su sitio y hasta los carteles antiguos que dicen dónde sentarse a las mujeres y a los niños siguen pegados.

Es muy impactante pasear por estos pasillos iluminados con una luz tenue y pensar en la cantidad de personas que pasaron aquí noches enteras con miedo a que cayera una bomba. No es un museo frío donde miras cosas detrás de un cristal; es un lugar que te hace sentir el frío, la humedad y la tensión que se respiraban en Madrid durante la guerra. Caminar por ahí te hace valorar muchísimo la tranquilidad de la calle que tienes justo encima de tu cabeza.

2. La estación de Chamberí: El Andén 0

Chamberí es probablemente el lugar más fotogénico de todo el subsuelo. Fue cerrada en los años 60 porque los trenes nuevos no cabían en el andén, y eso la salvó. Al estar cerrada durante cuarenta años, nadie la tocó, nadie la pintó y nadie la modernizó, así que cuando entras ahora es como si te hubieran teletransportado a otra época. Lo primero que te llama la atención son los anuncios antiguos pintados en los azulejos: publicidad de Nocilla, de jabones y de medicamentos que ya no existen, con colores que parecen frescos de ayer.

Lo más mágico es que sigue siendo una estación de metro en funcionamiento, pero sin pasajeros. Si te quedas callado en el andén, verás pasar los trenes de la Línea 1 a toda velocidad a través de unos cristales, pero sin parar. Es una sensación casi fantasmagórica, como si fueras un intruso en un mundo que sigue funcionando sin ti. Ver los bancos de madera, las viejas taquillas y la decoración original te hace imaginar cómo sería la vida en el Madrid de antes, cuando las cosas parecían moverse más despacio.

3. El Búnker de la Plaza de Colón

Encontrar un búnker en una de las plazas más caras y modernas de Madrid tiene su gracia. Justo debajo del jardín de Colón, rodeado de rascacielos y tiendas de lujo, hay una estructura de hormigón puro que aguantó los bombardeos. Es un sitio tosco, sin adornos, pensado solo para sobrevivir. La diferencia entre arriba y abajo es brutal: arriba están los coches y el lujo, y abajo estás rodeado de paredes grises de más de un metro de grosor.

Este sitio destaca porque se ve la «herida» de la guerra en el hormigón. Se han conservado los grafitis que hicieron los propios trabajadores en 1937 y se han recuperado gracias a la restauración. Es una lección de historia muy visual. Pasear por las galerías y ver las aspilleras por donde disparaban los cañones antiaéreos te da una perspectiva muy real de lo que fue la defensa de Madrid. Es duro, pero es necesario verlo para entender la resiliencia de esta ciudad.

Ruta por el Madrid subterráneo: qué ver, cómo entrar y consejos

Lo que nadie te cuenta sobre la visita (y cómo sobrevivir a ella)

Ahora que ya tienes las ganas de ir, hay cosas que tienes que saber para que la visita no se convierta en un dolor de cabeza. Bajar al subsuelo madrileño no es como entrar a un centro comercial; hay logística, normas y algunas particularidades que, si no las tienes en cuenta, pueden estropear la experiencia.

Lo primero y más importante: olvida la idea de llegar e ir entrando. Esto no funciona así, ya que la capacidad de los sitios es ridículamente pequeña comparada con la gente que quiere verlos, así que la reserva online con antelación es obligatoria.  Tanto para Chamberí como para el Refugio 127, saca las entradas en la web de Metro con días de margen. Y ojo con la ropa: puede que arriba estemos a 30 grados en pleno julio, pero abajo hace fresco constante. Lleva siempre una chaqueta ligera o un jersey, porque te vas a quedar una hora quieto en sitios húmedos y acabarás temblando si vas en manga corta.

El calzado es otro punto clave, olvida las chanclas o los zapatos nuevos. Vas a andar por suelos de los años 30, 40 y 50, irregulares, a veces con baches y siempre duros. Unas buenas zapatillas te salvarán el día. Por último, piensa en la movilidad. Casi todos estos sitios son antiguos y, por desgracia, no son accesibles para sillas de ruedas o carritos de bebé porque solo hay escaleras. Es una pena, pero es la realidad de la arquitectura antigua, así que tenlo en cuenta antes de organizar la ruta si alguien de tu grupo necesita ayuda para moverse.

Conclusión

Hacer esta ruta por el Madrid subterráneo es, sin duda, la mejor forma de quitarse la sensación de que ya lo has visto todo en esta ciudad. Te devuelve la curiosidad y te hace mirar las calles con otros ojos, sabiendo qué esconde el suelo bajo tus pies. Es una experiencia intensa, sí, pero que te conecta con la historia viva de una manera que ningún libro de texto podría lograr.

Cuando salgas de nuevo a la superficie y te deslumbrará el sol de Madrid, necesitarás un sitio donde relajarte y contar lo que has visto. En Vitium Hoteles estamos esperándote con los brazos abiertos para ofrecerte la comodidad que necesitas después de tantas escaleras y tanta historia. Ven a descansar con nosotros en alguna de las habitaciones de lujo en Madrid que tenemos disponibles para ti.

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